Horno de papel

HORNO DE PAPEL

Lic. Florencia Melo 
JTP de la Cátedra Taller Cerámica Complementaria

Alumnos construyendo de un horno de papel, CTCC 2012 (foto Guillermo Sierra)

Con este nombre tan metafórico se conoce a un horno excelente para realizar quemas alternativas de bizcocho en espacios abiertos: sencillo, económico y muy versátil. 
Se trata básicamente de armar una estructura rígida, cubrirla luego con material aislante y obtener así una cámara para cocer cerámica. El material aislante en este caso está compuesto de numerosas capas de papel de diarios embebido en barbotina. De allí proviene el nombre del horno.
Uno de los formatos más empleados es el cónico, pero pueden experimentarse otros. Más adelante detallamos los requisitos que deben cumplir las piezas, pero es excluyente que las mismas estén absolutamente secas al momento de ser horneadas.

MATERIALES


  • una parrilla
  • ladrillos donde apoyarla
  • 8 varillas de hierro de obra de 8mm de diámetro de entre 1.80 y 2 m de largo
  • 2 m de alambre de gallinero o de metal desplegado fino y flexible
  • papeles de diario
  • entre 3 y 6 bidones de barbotina (o barro local semilíquido)
  • 2 fuentones o palanganas grandes de plástico
  • alambre de fardo
  • pinzas/ alicates/ tenazas
  • guantes de trabajo
  • carbón
  • leña fina (preferiblemente cajones de descarte de pollo y/o verdura); para  una quema como la aquí descripta se necesitarán al menos 40 cajones.

PRECAUCIONES

No perdamos de vista en ningún momento que tendremos una estructura de 2 m de alto ardiendo a 1000 º. Como en todo este tipo de experiencias, debemos extremar las precauciones: ubicarnos en un área despejada y fuera del paso, precintarla en caso que sea necesario; alejar y quitar material inflamable que pueda volar y encenderse; tener espacio suficiente para movernos alrededor del horno (el gran calor que despida no nos permitirá acercarnos demasiado para alimentarlo); mantener la pila de leña alejada del horno para que no se encienda con una eventual chispa; utilizar guantes de trabajo, los pies cubiertos y no usar prendas inflamables. Fundamental, contar con baldes con agua y extinguidores a mano.

CONSTRUCCIÓN

El horno será a la vez cámara de cocción y chimenea. Si es proporcionalmente más alto que ancho, le será más rápido alcanzar una temperatura alta. Describiremos la construcción de un horno de forma cónica. El diámetro de la base de dependerá de la cantidad de piezas que tengamos para hornear. 

1) Apoyar la parrilla sobre los ladrillos separada del suelo entre 30 y 40 cm

2) Distribuir  los 8 hierros en posición vertical en el centro de la parrilla. Atravesar esta y tocar el suelo. Atar todos los otros extremos con alambre y así formar el esqueleto del cono.

3) Visualizar el lugar de entrada por donde cargaremos las piezas.

4) Forrar el esqueleto de hierro con el alambre de gallinero dejando un espacio o puerta por donde introduciremos las piezas.

5) Colocar las piezas dentro del horno apoyándolas unas sobre otras cuidadosamente. Puede agregarse algo de carbón entre las mismas. Tener en cuenta el peso de las mismas: ubicar las más pesadas en la base y las más livianas y delicadas hacia arriba.

6) Una vez completa la carga, cerraremos la malla sujetándola con alambre -cuidando que no queden puntas filosas salientes de la malla o el alambre, para evitar lastimarnos durante la tarea siguiente.

7) Ya con la estructura del horno completa, procederemos a revestirlo. Iremos embebiendo las hojas de diario en la barbotina (previamente vertida en los fuentones o palanganas para agilizar las maniobras) y  las apoyaremos sobre la superficie de la malla hasta cubrirla por completo. Hacia el extremo superior, dejaremos libres unos 20 cm de diámetro que harán las veces de chimenea. Las capas de diario (siempre embebidas en barbotina) se irán superponiendo hasta lograr un espesor de al menos 3 cm.

8) Paralelamente a la construcción del horno, es conveniente ir preparando brasa con carbón y leña fina a fin de contar con un fuego suave con que templar las piezas.

Comienzo de la estructura, CTCC 2013 (foto Lola Boffo)

Armado y carga del horno, CTCC 2014
(foto Paloma Formoso)

Primera capa de papel embebido en barbotina.
CTCC 2012 (foto Sandra Riedl)

Obsérvese el espacio libre superior que hará de chimenea.
CTCC, 2012 (foto Sandra Riedl)

Preparativos de brasas para el templado mientras se carga
el horno (foto Florencia Melo)

Plena cocción, CTCC 2014 (foto Paloma Formoso)

HORNEADA

1) Templado: Una vez construido el horno (ya con toda su carga dentro) procederemos al templado. Colocaremos debajo y en el centro del horno las brasas (previamente encendidas, como se sugirió) a fin de que las piezas se calienten paulatinamente, sin cambios bruscos de temperatura que puedan romperlas. Con precaución, acercaremos la mano a la chimenea del horno para controlar que el aire caliente ascienda por la cámara de cocción y salga por la misma. El templado debe durar al menos una hora.

2) Alimentación: Luego del templado comenzaremos a alimentar el horno. Para esto emplearemos leña fina (en áreas urbanas lo más accesible son los cajones de descarte de las verdulerías o pollajerías). Las piñas también son un buen recurso. Debe ser un fuego de llamas altas continuas, lo más claras posibles. Cada tanto, hay que ir retirando las brasas acumuladas y cuidar que no se ahogue.

3) Fuego: Por dentro el horno irá cambiando de color: de un rojo oscuro a naranjado, cada vez más claro hasta alcanzar amarillo muy claro, casi blanco. Cuando veamos que sale una lengua de fuego larga por la chimenea, deberemos continuar alimentando el horno –como  ya se ha explicado- por al menos 2 horas para lograr superar los 1000º. Si se sigue agregando combustible por más tiempo, podrán alcanzarse temperaturas altas, incluso obtener gres.

4) Enfriado: cuando consideramos que ha alcanzado la temperatura deseada, dejaremos de agregar leña y la temperatura comenzará a descender relativamente rápido. 

5) Descarga: Una vez que comience a enfriarse, con cuidado se irán desmontando la paredes y estructura del horno y retirando las piezas. Los hierros y la malla pueden reutilizarse varias veces.

Desmontado y descarga, CTCC 2012 (foto Guillermo Sierra)

ACERCA DE LAS PIEZAS

Arcilla: al igual que todas las piezas que serán sometidas a horneadas alternativas, podremos emplear arcilla tanto blanca como roja siempre que le hayamos añadido del 30% del volumen de chamote (impalpable, fino o mediano) y talco industrial.

Construcción: este tipo de hornos suele elegirse por su gran capacidad. Las piezas son colocadas unas sobre otras y llegan a moverse durante la cocción. Por lo antes dicho, conviene que tengan un espesor uniforme entre 5 y 10 mm, de formas más bien robustas, con pocas salientes o partes finas que podrían quebrarse. Pueden estar bruñidas.

Color: como están en contacto unas con otras y serán descargadas una vez que el horno se haya enfriado, no podremos utilizar esmaltes cerámicos. Pero podemos utilizar arcillas de colores, engobes, pátinas con pigmentos bajo cubierta, óxidos y sulfatos.

Sulfatos: con el horno encendido y a temperatura alta, pueden arrojarse -con extremo cuidado- cristales de sulfatos de hierro y de cobre por la chimenea. Estos minerales volatilizarán dentro de la cámara de cocción y darán algo de color a las piezas de forma absolutamente aleatoria.


GLOSARIO

Bizcocho: horneada de bizcocho, se denomina así a la primera cocción de una pieza, cuando la arcilla se transforma en cerámica. Esto sucede por encima de los 700º.

Barbotina: arcilla en estado semilíquido empleada para producir objetos cerámicos mediante moldería de yeso. Se consigue comercialmente lista para usar. Para la construcción de este tipo de hornos podemos prepararla artesanalmente o utilizar arcillas locales.

Gres: cerámica de alta temperatura, a partir de los 1230º

Chamote: Material cerámico (es decir, arcilla cocida) molido a diferentes grosores.

Bruñido: Consiste en abrillantar la pieza por medio de frotación. Para esto se utiliza un objeto plano, duro y muy liso, como por ejemplo una cuchara de metal. Tradicionalmente se utiliza una piedra de ágata. El bruñido homogeniza la superficie exterior, otorga a la pieza un brillo característico y cierta impermeabilización.

Engobes: Son arcillas líquidas o barbotinas a las que se han adicionado colorantes, en forma de óxidos metálicos o de sus pigmentos derivados. Los engobes pueden variar en espesor, según su aplicación, pero lo ideal es que tengan la consistencia de una crema. Se aplican sobre la pieza en estado húmedo.

Pigmentos bajo cubierta y óxidos: colorantes cerámicos que se presentan en polvo, deben integrarse en partes iguales con fundente, luego con agua y se emplean como si fuera una acuarela.

Sulfatos: minerales derivados de los metales utilizados como colorantes cerámicos. Lo más comunes en el mercado son los de cobre y de hierro, aunque puede llegar a conseguirse también sulfato de cobalto. Se presentan en forma de cristales grandes relativamente blandos que pueden molerse con facilidad. Son solubles en agua, por lo tanto, al amasarlos con la arcilla se irán disolviendo en ella dando ciertos efectos. También los cristales pueden incrustarse en la superficie una vez obtenida la forma.


Material de Cátedra elaborado por la Lic. Florencia Melo
Cátedra Taller Cerámica Complementaria | Titular: Lic. Verónica Dillon