Pátinas y esmaltes

PÁTINAS Y ESMALTES 
Tratamientos de superficie sobre piezas bizcochadas

Lic. Florencia Melo 
JTP de la Cátedra Taller  Cerámica Complementaria

PÁTINAS

Moody blue, cerámica coloreada con 
pátinas de Claire Loder


Las podemos describir como colorantes cerámicos (óxidos y pigmentos bajo cubierta), líquidos livianos que -de un modo similar a la acuarela- no ocultan la superficie. Al emplearlas sobre áreas texturadas (arcillas con chamote o trabajadas con herramientas e impresiones) destacan, revelan y resaltan dicha intención. Cuánto más horadada sea la superficie, más colorante podrá capturar y más oscura podrá quedar la pátina.
Otra manera de utilizar óxidos y pigmentos es pintar y/o dibujar con ellos. Es un recurso relativamente sencillo de usar, pero de gran fuerza expresiva y sensibilidad a la vez. 



Composición y proporciones

Como se ha dicho antes, el color se obtiene mediante óxidos o pigmentos cerámicos (conocidos en el mercado como pigmentos de bajo cubierta) a los que agregaremos una cierta cantidad de fundente. Podemos emplear partes iguales de ambos. El fundente es una combinación de minerales que reducen el punto de fusión de la sílice en la pasta cerámica, formando un cristal o vidriado y es el componente mayoritario de un esmalte. Al combinarse en una baja proporción con los óxidos o pigmentos permite intensificar, potenciar el color, adherir la pátina a la superficie (una vez horneada) sin que resulte un acabado vítreo. 

Obra de Elisabeth Le Retif coloreada con pátinas

Aplicación

La cantidad de agua es la que determinará el valor de las pátinas. Pueden aplicarse con esponja, pincel, soplete, etc., antes o después que la pieza haya sido bizcochada, aunque resulta más conveniente hacerlo sobre bizcocho. A diferencia de otras técnicas, el aspecto de una pieza tratada con pátinas es muy similar antes y después de la cocción.
Los colorantes (tanto los óxidos como los pigmentos mencionados) se pueden mezclar entre sí para formar colores nuevos, superponer y lavar en caso de quedar muy oscuros. Obviamente como en todo proceso cerámico, el color definitivo resultará una vez que la pieza haya sido horneada.

Colores 
Colores obtenidos con óxidos metálicos en atmósfera oxidante 1020-1040 ºC (válido para pátinas, pero también para engobes y arcillas coloreadas):



óxido
color
Bicromato de potasio
Grises verdosos
Cobalto
Azul 
Cobre
Tostados / negro
Cromo
Verde
Hierro
Rojizo
Manganeso
Marrón negruzco
Níquel
Tostados/ grises/ verdosos


Parte del muestrario de pátinas con óxidos y 
pigmentos realizado por Pamela Díaz, alumna CTCC 2013
Muestrario de pátinas con óxidos. Taller del maestro Leo Tavella (foto de Belén Alonso)
De izquierda a derecha: cobalto, cobre, hierro, níquel y manganeso bajo una cubierta en la primera fila. Se repiten en la segunda fila, ya sin cubierta y el último a la derecha es óxido de de cromo. El resto, combinaciones.

Tanto sobre los óxidos, como sobre los pigmentos, se podrá aplicar por encima una cubierta transparente. Sin embargo, deberemos saber que mientras los pigmentos cerámicos no se alteraran en su coloración (sólo de realzarán), sí lo harán los óxidos. El caso más radical es el óxido de cobre que como pátina es beige y bajo una cubierta (o en contacto con un esmalte) se transformará en turquesa o verde.


Cerámicas con esmalte blanco e hilos de cobre de 
Leo Battistelli

El objetivo podrá ser tanto para impermeabilizar la superficie, como para obtener calidades más suaves o incluso brillantes.

Pigmentos bajo una cubierta transparente.
Cerámica de Jana Evans
Otro ejemplo de pigmentos bajo cubierta en la obra de Jenny Mendes

Mayólica: Si los pigmentos bajo cubierta en vez de aplicarse directamente sobre el bizcocho, se los utiliza sobre un esmaltado blanco crudo, ambos se cocerán a la vez. El esmalte al fundirse "absorberá" el pigmento. 


Anthea Carboni
Mayólicas de Anthea Carboni antes y después de la cocción
Plato de mayólica tradicional (esmalte blanco sobre arcilla rojiza) realizado en la 
Escuela de cerámica Ezbe Tounes, Fayoum, Túnez, mayo 2016

SULFATOS
Con sulfatos de ciertos metales colorantes (los más comunes son los de hierro y de cobre) puede prepararse una solución, disolviendo los cristales con agua caliente primero, y agregando luego cantidad de agua suficiente como para sumergir una pieza bizcochada en ella. Se obtendrá una superficie coloreada, similar a si usásemos un óxido, pero logrado de un modo azaroso, ya que -según cuanto tiempo lo dejemos inmerso en el líquido y cuánto de concentrada esté la solución- será la intensidad del color obtenido.

Teselas de bizcocho blanco sumergidas en soluciones
de sulfatos de cobre y de hierro respectivamente


ESMALTES
Obra con esmaltes de Chun Liao

Los esmaltes cerámicos constituyen un mundo fascinante de posibilidades casi infinitas de colores, texturas, brillos. Resulta también uno de los campos más complejos de aprender y dominar: así como una pieza sencilla puede enriquecerse con el esmalte adecuado, también puede arruinarse por completo si la elección no es la más idónea. Para evitar sorpresas desagradables es primordial no perder de vista que es lo que queremos transmitir en nuestra cerámica, visualizarla lo más acabada posible y tener un mínimo dominio de los recursos de que disponemos

Geometrías sensibles. Obra del ceramista asturiano Jesús Castañón

Es que los esmaltes son difíciles de comprender para alguien no familiarizado con las artes del fuego, y siempre representan un desafío aún para los ceramistas más experimentados. Básicamente un esmalte es un vidrio fundido por la acción de las altas temperaturas en un horno cerámico, luego solidificado a temperatura ambiente e inalterable en el paso del tiempo. Las primeras piezas esmaltadas que conocemos tienen más de tres mil años y su aspecto general es el mismo que cuando salieron del horno.
Uno de los motivos más corrientes por el cual se esmalta una pieza cerámica es para hacerla impermeable al agua. Pero diremos una vez más que la cerámica no siempre cumple un rol utilitario, y  en estos casos el uso de un determinado esmalte está justificado por sus cualidades plásticas y visuales: color, valor, textura, brillo, aspecto, connotaciones, etc.. Vale decir, responder a las necesidades estéticas más diversas y personales.


Una primera clasificación podría ser:

Según el brillo: brillantes, satinados o mates.


Blue. Porcelana con esmalte azul brillante de Claire Curneen


Según la transparencia: transparentes, translúcidos u opacos.


Esmaltes translúcidos de Emily Myers


A su vez pueden ser lisos o texturados, siendo estos últimos ásperos, corrugados, craquelados, etc.

Esmaltes texturados en la obra de Hilary Mayo
Esmalte cuarteado en una obra del artista ruso Oleksandr Miroshnychenko
Preparación
En este material de cátedra no nos detendremos a la formulación de esmaltes a partir de materias primas minerales, sino que hablaremos de la mezcla y aplicación de esmaltes comerciales.

Elección de un esmalte
Deben elegirse a partir de un muestrario de teselas donde los mismos ya han sido sometidos a la acción del fuego. Para obtener un resultado idéntico al de la muestra deberán respetarse la forma de aplicación, la temperatura y la atmósfera de cocción para la cual fue formulado. De estas y otras variables dependerá el éxito del resultado final.


Mezcla con agua
Los esmaltes vienen en polvo y su aspecto –la mayoría de las veces- no tiene nada que ver con el que tendrá el mismo luego de horneado. Para poder aplicarlo, a modo  de orientación, se añadirá entre 400 y 500 cm3 de agua por kilo de esmalte seco.
El esmalte no se disuelve en el agua, sino que queda en suspensión. Durante el proceso de aplicación debemos revolverlo en forma constante, ya que decanta rápidamente.
También es bueno colarlo para descartar posibles grumos.

Aplicación
Aunque en verdad se pueden esmaltar piezas crudas realizando lo que se conoce como monococción, esta operación requiere algo de práctica y puede poner en riesgo la integridad del trabajo. Resulta más confiable aplicar el esmalte una vez que la pieza ya ha sido horneada.
Es primordial que el bizcocho esté limpio, ya que esta es una de las principales causas de esmaltados defectuosos. Rastros de polvillo o grasitud harán las veces de reserva y allí el esmalte no se adherirá. Una buena manera de prevenir este inconveniente es lavar las piezas bajo el chorro de la canilla -y si es necesario con la ayuda de un cepillo- al salir del horno. Si no vamos a esmaltarlas enseguida, podemos protegerlas de la suciedad ambiente guardándolas en bolsas de nylon. De todos modos, el área de esmaltado debe ser siempre limpia, lejos del polvo del lijado de piezas.
El sudor de las manos también puede llegar a dejar rastros de grasitud. Conviene entonces manipularlas lo menos posible.
Si las paredes de la pieza son muy gruesas y están resecas, podemos humedecerlas apenas con una esponja limpia para que al aplicar el esmalte no forme una capa demasiado gruesa y aparezcan puntos sin esmaltar tras la cocción.

Realización de un muestrario


Ejemplo de muestrario: puede apreciarse que muchos de los esmaltes resultaron  demasiado fluidos. 
Deberán ser modificados antes de ser aplicados sobre las piezas.

La mejor manera de asegurarnos buenos resultados en la cerámica es conocer cada material. Esto corre especialmente para todo lo que significa color.
Un muestrario propio de teselas resulta imprescindible. En ellas haremos todo tipo de ensayos previos al esmaltado de la pieza.

1. Las teselas deben hacerse con el mismo tipo de arcilla que luego emplearemos en la pieza.

2. Es conveniente que no sean demasiado pequeñas, así tendremos una buena superficie para observar. Tampoco muy finas, porque al esmaltarlas se saturarán de agua enseguida provocando que todo el proceso sea más lento y engorroso. Puede hacerse una tablilla o baldosa en el cual quepan varios esmaltes a la vez.

3. Bizcochado (y posterior lavado, como se explicó anteriormente)

4. Rotulación: detrás de donde aplicaremos cada esmalte escribiremos con óxidos o pigmentos cerámicos el nombre y/o código del mismo. Esto es fundamental para poder identificarlos al salir del horno.

5. Aplicación: se aplicará el esmalte con pincel, probando con más y con menos carga, superponiendo diferentes esmaltes, esgrafiando, salpicando, etc, etc. Luego con mucho cuidado de tocar la parte esmaltada, limpiaremos los cantos y la base de cada tesela.


Muy importante: TODO lo que tenga esmalte se fundirá en el horno y quedará adherido cuando éste se enfríe. SIEMPRE las piezas deberán tener las bases libres de esmalte y en el caso de que éste sea muy fusible y tienda a escurrir, el sector próximo a la base de las paredes se esmaltará con una capa más delgada.


6. Horneado de las teselas a la misma temperatura a la que luego llevaremos la pieza.
La idea con todo este proceso es saber cómo funciona cada esmalte, qué espesor de capa le va mejor, corregir defectos, aprovechar azares que hayan surgido. 

Esmaltado con pincel
La herramienta ideal es una pinceleta de 2 a 3 cm de ancho. La pinceleta debe cargarse con el esmalte y deslizarse por la superficie suavemente, casi sin apoyarse, dejando que el bizcocho vaya absorbiendo el esmalte. No se parece en nada a pintar con cualquier otro tipo de pintura. No se debe “arrastrar” ni “estirar”. Una vez seca al tacto la primera mano, se puede dar una segunda y las que sean suficientes hasta obtener 1mm de carga bien parejo. Podemos cruzar la dirección de la pinceladas, pero siempre vigilando que no quede ningún punto sin cubrir. Se obtienen mejores resultados superponiendo varias capas delgadas de esmalte, antes que con pocas capas espesas.
Esta técnica no es conveniente para aplicar cubiertas sobre diseños hechos con pigmentos u óxidos, ya que al pasar el pincel podrán borronearse.

Esmaltado por baño
Siempre que tengamos que esmaltar una pieza por dentro y por fuera, comenzaremos por el interior. Y la mejor manera de hacerlo es por baño.
Para ello prepararemos aproximadamente la mitad del volumen a llenar de esmalte, un poco más espeso que si lo fuésemos a usar con pincel. Volcamos todo el esmalte dentro de la pieza y la giramos suave pero decididamente, para bañar todo el interior, sin detenernos, vertemos el sobrante un recipiente chato y ancho (bowl o palangana). Lo deseable es alcanzar en un solo baño el espesor deseado, pero en caso de tener que aplicar una segunda capa, la primera deberá estar perfectamente seca.
Una vez seco el esmalte interior, podemos esmaltar con esta técnica el exterior. Para esto colocamos sobre la palangana 2 varillas de madera o de hierro, apoyamos sobre ellos la pieza y vertemos el esmalte sobre ella. Todo el esmalte sobrante caerá dentro de la palangana, siendo una de las técnicas que menos esmalte desperdicia.
Si quedaran algunas partecitas sin cubrir, pueden retocarse con pincel.
Muchos ceramistas utilizan esta técnica par superponer diferentes esmaltes logrando combinaciones químicas únicas y resultados muy atractivos.

Esmaltado por inmersión
Este sistema es generalmente utilizado en fábricas y en talleres de medianas producciones. Es muy eficaz, rápido y de excelentes resultados, pero resulta caro, ya que necesitamos preparar una gran cantidad de esmalte, tanto como para poder sumergir cómodamente una pieza (aunque aquí tampoco se desperdicia).
Tenemos que estudiar primero cómo sujetaremos la pieza y buscar el recipiente adecuado, así como también, de qué manera lo haremos. La pieza debe entrar y salir de la cubeta en un cierto tiempo, suficiente como para que se empape de esmalte de modo parejo. Esto lo aprenderemos con cierta práctica.

Esmaltado por pulverización
En esta técnica necesitaremos unos cuantos implementos. Una pistola con el correspondiente compresor (puede reemplazarse por un pulverizador manual), una cabina de esmaltado con extractor y una torneta. No se recomienda pulverizar esmaltes de plomo o tóxicos, aunque se cuente con un extractor, ya que las partículas son muy finas y se respiran de todos modos y pueden absorberse por la piel.
El esmalte debe estar muy bien colado y en permanente suspensión. Debe prepararse un poco más líquido que si lo fuésemos a aplicar con pincel, para evitar que se tape el pico de la pistola (conviene probar cómo sale el esmalte sobre un diario, o una superficie que se pueda limpiar antes que directamente sobre el trabajo).
Colocamos la pieza en la torneta, y dirigimos hacia ella el chorro de la pistola desde aproximadamente 30 cm de distancia de modo perpendicular a la pared a esmaltar. Giramos constantemente la torneta, evitando que la pieza se sature de agua, ya que en este caso, el esmalte comenzará a chorrear. Cada vez deberemos dejar secar el bizcocho antes de cargarlo nuevamente, ya que cada vez estará más empapado.

Con esta técnica los resultados generalmente son muy buenos, ya que casi siempre el esmalte queda bien parejo. Las desventajas son que necesitamos todo este equipamiento, y que se desperdicia entre un 50-70%  de esmalte.

Los primeros esmaltes surgieron en Egipto, hacia el 3500 a C

Consideraciones generales para todas las técnicas:
1. Ciertos esmaltes tienen componentes tóxicos y no son aptos para emplearlos en recipientes que contendrán alimentos. Debemos consultar las indicaciones del fabricante.

2. El espesor del esmalte debe ser uniforme: para comprobarlo, hacemos un pequeño corte con una herramienta cortante para “mediir” cuánto de gruesa es la capa.

3. El apoyo de la pieza debe estar sin esmalte, como antes se explicó. En el caso de querer esmaltarla por completo, usaremos unos pequeños conos de bizcocho o metal sobre cuyos vértices colocaremos la pieza durante la horneada. Todo esto debemos planearlo y probar si lo que hemos pensado funciona bien: muchas veces la pieza queda inestable al colocarla sobre los soportes y corre riesgos de moverse durante la cocción malográndose o arruinando otros trabajos.

4. Las mezclas de esmaltes de colores no son sólo cromáticas, sino químicas, o sea que no sabremos a ciencia cierta qué resultado obtendremos. No es recomendable mezclarlos como si se tratara de colorantes sin fuego. Tendremos que hacer muestrarios previamente y puede resultar un interesante campo de experimentación.

5. Antes de introducir el trabajo en el horno el esmalte deberá estar completamente seco.

6. Muchas veces, al hornear la pieza comprobamos que el esmalte no ha cubierto la superficie de manera uniforme. Reesmaltar una pieza ya horneada es algo que no siempre tiene éxito, por eso debemos ser lo más cuidadosos posible con todos los pasos antes explicados. En caso de tener que hacerlo -como la pieza ya ha perdido porosidad- nos ayudaremos calentando la pieza y empleando el esmalte un poco más espeso.

7. El único medio que hace que el esmalte se adhiera a la pieza es el agua agregada. Una vez evaporada esta, el esmalte vuelve a ser un polvo y se desprende con muchísima facilidad. Conviene manipular las piezas lo menos posible.
8. Las partidas de esmalte comercial suelen variar de unas a otras. Si vamos a esmaltar una serie de objetos que deban quedar iguales (un juego de vajilla, por ejemplo), deberemos asegurarnos tener la cantidad suficiente antes de comenzar.

9. Todos los elementos y, especialmente los colorantes cerámicos se contaminan unos con otros. Deberemos ser muy cuidadosos en el lavado de recipientes, pinceles y manos. 
Lamentablemente nos daremos cuenta una vez horneados los trabajos y a veces no podremos corregir los defectos surgidos.

Uso expresivo de esmaltes de Takuro Kuwata

PRECAUCIÓN: MUCHOS DE LOS MATERIALES UTILIZADOS SON TÓXICOS Y VENENOSOS PARA EL ORGANISMO. ES ACONSEJABLE QUE EL TRABAJO SE DESARROLLE EN UN ESPACIO ORDENADO Y QUE LOS ELEMENTOS SEAN MANIPULADOS CON CUIDADO. EN CIERTOS CASOS ES CONVENIENTE NO FUMAR NI INGERIR ALIMENTOS, ASÍ COMO UTILIZAR CIERTA PROTECCIÓN (GUANTES, BARBIJO, ANTIPARRAS). 

Material de Cátedra elaborado por la Lic. Florencia Melo

 Cátedra Taller Cerámica Complementaria | Titular Verónica Dillon 


Las imágenes y textos aquí empleados son uso exclusivo personal, no comercial y responden  a  fines educativos. Respecto de los sitios enlazados por hipervínculos son responsables sus autores.